lunes, 12 de enero de 2015

Canarias o la dulzura / Alfonso Domingo Quintero

Canarias o la dulzura / Alfonso Domingo Quintero
 

            José Martínez Ruiz ha pasado la mañana sentado frente a su escritorio, ocupado en sus quehaceres como periodista de ABC. Pero ahora el escritor se ha dado un descanso. Es media mañana. Un cielo plomizo cubre Madrid. Apenas hay luz en las ventanas. Una luz que no acaba de nacer del todo. La habitación huele a librería de viejo. El escritor ha empezado a hojear las páginas de uno de los libros que tiene apilado en un extremo de su escritorio. Lee unas endechas recogidas en un libro de José Vargas Ponce. Lee cadenciosamente, haciendo las pausas versales, interiorizando el ritmo. Ha memorizado casi sin querer la composición. La declama silenciosamente: «¡Llorad las damas/ si Dios os vala!», se detiene brevemente intentando memorizar, y  continúa: «Guillén Peraza/ quedó en la Palma», sigue leyendo y acaba la composición. Repite la lectura varias veces. Le parece una composición propia del ingenio canario. Escribe algunas breves notas sobre el paisaje insular, que conoce a través de una película que ha visto en un cine próximo. Todo le parece atractivo: las montañas, las cumbres nevadas, los arenales, la lava y el hombre que habita este paisaje insular. Detiene su escritura. No sabe qué más añadir. No se muestra dubitativo; sabe haber intuido el  misterio de lo insular. El escritor es de ademanes atildados, lleva una americana gris, y se apoya en un bastón. De gesto no se sabe si serio o triste. El escritor piensa dedicarle un artículo a las islas Canarias, o mejor, un ensayo que podría llamarse Canarias o la dulzura. Una dulzura que le parece suavemente melancólica. Melancolía que es meditación y contemplación de lo insular. Vuelve a leer las endechas, y el canto de las plañideras suena remoto en la imaginación de nuestro escritor. La sangre de Guillén Peraza sobre los arenales de La Palma. Las plañideras maldicen la isla. Y así nace la Literatura Canaria.

            Son las 12 a.m. Tañen las campanas de una parroquia cercana. Es la hora del Ángelus. El escritor lo reza despacio. Luego, reanuda su trabajo. Deja a un lado el libro de José Vargas Ponce. Las notas escritas sobre las Endechas a Guillén Peraza quedan en una cuartilla que años más tarde retomará para su libro Ejercicios de Castellano

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